Decidí reactivar este blog para manifestar mi opinión sobre la primera vuelta presidencial, porque este domingo 31 de mayo sucederá algo muy importante en nuestro país, y es decidir el rumbo que tomaremos por los siguientes cuatro años. Comparto mis reflexiones para quienes las puedan considerar útiles:
Mi voto, al
igual que hace 4 y 8 años será por Sergio Fajardo. Es la tercera ocasión en la
que compite, aunque esta vez con las posibilidades muy reducidas. Reconozco que
esto me hizo dudar inicialmente de volver a votar por él, y consideré recurrir
al ‘voto útil’ con tal de evitar que la crisis del país se agrave.
Después de
mucho reflexionar, de ser consciente de lo que realmente estoy haciendo con mi
voto, ratifiqué mi decisión de las últimas dos elecciones presidenciales. Soy
consciente que Fajardo no es el político perfecto, porque nadie lo es; al
contrario, otorgar a un líder el poder mesiánico de la infalibilidad es
peligroso, y de eso ya hemos tenido bastante recientemente.
Sé de los
errores de Fajardo, que se ganó la fama de “tibio” y que “no inspira emoción”;
y que en estos tiempos que parecen modernos (pero que en realidad en cultura
política parece que hemos retrocedido décadas) un discurso moderado tiende a
ahogarse, porque ahora solo se impone el discurso más altanero, sectario y
polarizador. Las campañas más ruidosas son las más exitosas entre la gente,
pero eso no las hace mejores, y reducen todo a nosotros contra ellos; los ‘buenos’
contra los ‘malos’.
Por
supuesto no es una característica limitada al entorno nacional. A nivel global
se sigue la misma tendencia, y los estrategas políticos le han sacado provecho
con todo tipo de artimañas para adoctrinar a sus electores, e incluso llevan a la gente a votar con rabia y miedo por el opositor. Esto está muy lejos de lo que
realmente significa la democracia.
Pero
prefiero centrarme en las razones por las que voy a votar por Fajardo: porque
es un líder conciliador, que se rodea de gente muy capaz y que puede reconocer
lo bueno de todos los cuadrantes que rigen los planos económico y social. Fajardo
puede convergerlos en ese centro que quieren venderle a la gente como un animal
mitológico que no existe. Pero el centro sí existe, y en el fondo es lo que
queremos todos: una mayor justicia social sin que eso comprometa el crecimiento
económico ni la sostenibilidad de los programas de ayuda; una apertura a la
modernidad sin menospreciar tradiciones que todavía son relevantes para muchos.
Y más
importante aún, porque la principal apuesta de Fajardo es la educación, con
énfasis en la primera infancia. Desde que soy padre he sido mucho más
consciente de lo fundamental que es el desarrollo de un infante, y sé que los cinco primeros años definen todo el resto de la vida de un adulto. Las infancias requieren
de garantía de desarrollo físico, emocional e intelectual; privarles de alguno
de esos factores los puede condenar a una vida limitada, frustrante y en últimas
violenta.
Un niño mal
alimentado es un niño que no desarrolló su cerebro completamente, le cuesta
aprender; no razona con lógica y eso limita mucho sus posibilidades de
aprendizaje especializado. Un niño enfermo o con recaídas de salud tampoco
podrá desarrollar habilidades físicas así tenga talento innato para ellas; pero
no podrá descubrir su potencial por la fragilidad de su salud. Un niño que ve
violencia en su casa o barrio, maltratos, inseguridad, va a crecer a la
defensiva y le costará abrirse socialmente, crecerá resentido con la sociedad y
buscará compensar esa brecha a las buenas o a las malas.
El compromiso de Fajardo con la educación y la primera infancia no es solo en el papel, pues además de estar explícita y extendidamente en su propuesta de campaña, lo ha llevado a la práctica tanto en sus gestiones como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia; su propuesta literalmente dice:
“En
Colombia la Más Educada, el lugar donde nació un niño o niña no determinará su
futuro. Con un enfoque integral en el que la primera infancia y el cuidado; la
educación básica y media; la educación posmedia; el apoyo a maestras y maestros
como fuerza de transformación de Colombia y una unión como país alrededor de la
educación, serán la bandera para llevar a Colombia adelante”.
¿Por qué
esto no es más popular? Porque muy pocos políticos le apuestan a la primera
infancia; por la sencilla razón de que esto no da votos, y porque los
resultados se demoran décadas en evidenciarse, pero sin duda estos logros a
largo plazo no solo logran ser más duraderos sino, además, transformadores.
Quiero
finalizar este texto de nuevo reconociendo que Fajardo no es el candidato
perfecto, tampoco espero eso de él y nadie debería esperarlo de ningún político.
Una eventual presidencia suya tendrá errores; no sé cuántos, pero los tendrá. Habrá cosas qué criticarle, sin duda, pero para mi es un voto que me tranquiliza
de elegir la fórmula más mesurada entre todas las opciones disponibles. Con
sinceridad espero que aquellos que dicen “A mi me gusta Fajardo, pero no
tiene posibilidades de ganar” se den cuenta que son parte de una ‘silenciosa
mayoría’ como su misma campaña dice, y que si simplemente votan por convicción
por quien le parece que es un mejor candidato, esas aparentemente pequeñas
posibilidades de ganar nos van a poner al mejor presidente que podamos elegir
en esta ocasión.
Nota: Para
este texto decidí deliberadamente no usar IA, ni siquiera para revisar y
mejorar mi texto. Estas son mis palabras, una por una, y yo respondo por ellas.

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